El evento de inauguración fue una aventura de un día por el desierto, el sábado previo a Pascua. El aire se inundó de polvo rojo y el rugido de los motores en plena aceleración, mientras los locales arremetían con sus SUV de Jeep® por las rutas de montaña, intercambiando trucos y maniobras y explorando el glorioso condado de roca roja. Fue un encuentro sin muchas pretensiones, con techos abiertos y manos llenas de grasa. Ese día cobró vida un espíritu de camaradería y amor por los senderos, uno que se ha ido contagiando de generación en generación.